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Reflexiones sobre Versículos Bíblicos:Filipenses 4:13 & 1 Juan 4:18Juan 10:11 & Prov. 9:10 & 3:5-6 2 Corintios 5:17 & Romanos 8:15 Juan 11:21 y 26 2 Corintios 4:13-18 & 2 Cor 4:7 Mateo 8:23-27 Filipenses 4:19 Isaías 40 y Isaías 41 Lucas 15:11-32 - el hijo pródigo Salmos 8, 143, 37 & Efesios 3 Lucas 11:1-13 Mateo 18:1-5, 10-14 1 Corintios 13 Gálatas 5:22-23 Mateo 6:34 Marcos 4:35-41 Mateo 7:1-2 - el perdón Apocalipsis 3:20 Mateo 6:6-15 - Hijo mío Rom. 4:3 & 1 Juan 5:9 Mateo 24:37-44 - El Adviento Lucas 2:7 - La Navidad Juan 14:6 1 Tesalonicenses 5:16-18 - Orar Mateo 13:44-46 Romanos 10:8 Marcos 6:45-51 Lucas 24:13-35 - Emaús Mateo 11:28 |
Reflexiones sobre Versículos BíblicosNo tengáis miedoartista: Soichi Watanabe Todos tenemos miedo. De alguna manera, algún día, en circunstancias determinadas. Nadie se libra de tenerlo. Miedo al presente o al futuro, de las cosas que tenemos o de las que nos faltan, miedos razonables o miedos absurdos. Cada uno tiene los suyos y los esconde detrás de una fachada de serenidad o de valentía. Son miedos personales e intransferibles; escondrijos de la personalidad, rincones oscuros donde se atrincheran las defensas de la vida. El miedo, a menudo, es positivo. Nos alerta y nos hace cautos. Nos lleva a analizar los hechos y ver los riesgos: sopesarlos y sacar las conclusiones pertinentes para nuestra seguridad personal o la de los que amamos. Nadie ha de avergonzarse de tener miedo. Es una reacción saludable ante todo lo que nos afecta. Pero el miedo jamás nos ha de paralizar, ni ha de llevarnos a un repliegue que nos impida la acción. Es por esto que la frase “no tengáis miedo” tiene sentido. La dijo Jesús a sus discípulos en aquella noche de la tempestad cuando navegando en una barquichuela estaban a punto de naufragar (Mc 6,45-51). La dijo en el contexto del “fantasma” que los discípulos creyeron haber visto. No era un fantasma. Era Jesús. El miedo, en este caso, había sido un miedo absurdo, sin fundamento, hacia seres extraños que no existían fuera de su imaginación. Era el miedo que no se ha de tener. La vida cristiana no es una vida sin miedos, porque tampoco es una vida sin peligros. Pero es una vida confiada. La religión ha explotado en demasía los miedos de la gente y hemos de reconocer que también lo han hecho a menudo los cristianos. El resultado ha sido producir buen número de creyentes miedosos, llenos de complejos, incapaces de abordar la gran tarea de la salvación de los otros. Súper protegidos, preocupados por una salvación personal solamente referida al más allá, han centrado su vida en vencer el miedo a la muerte y a la condenación, olvidando que, para la salvación de los demás, los cristianos somos llamados a arriesgar nuestra propia vida. Quien la quiera salvar, la perderá, según la conocida frase de Jesús (Mc 8,35). “No tengáis miedo” es, por tanto, un mensaje de Cristo a nuestra generación. Es sobre todo una invitación a vivir confiadamente. Nuestro fututo está en las manos de Dios. Punto final. No hablemos más de ello. Lo que ahora se impone es vencer los miedos tradicionales e implicarnos en la vida del mundo. Poner en juego cada día nuestra propia vida y dejar de lado tantos fantasmas que nos hemos creado, sabiendo que quien está con nosotros en este mar tempestuoso de la vida es Jesús, Señor y Salvador. Es cierto que hay peligros y hemos de estar atentos para que el mundo no nos engulla. Pero el peor remedio será siempre encerrarnos en una actitud defensiva, buscando nuestra seguridad personal, dejando que el mundo se hunda sin ofrecerle nuestra ayuda y solidaridad. Se nos exige arriesgar nuestra vida del espíritu, cada día, en todas partes, en cualquier circunstancia, para la salvación del mundo. Aquí y ahora. Allá y después. Enric Capó Marcos 6:45-51 Jesús camina sobre el agua 45 En seguida Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se adelantaran al otro lado, a Betsaida, mientras él despedía a la multitud. 46 Cuando se despidió, fue a la montaña para orar. 47 Al anochecer, la barca se hallaba en medio del lago, y Jesús estaba en tierra solo. 48 En la madrugada, vio que los discípulos hacían grandes esfuerzos para remar, pues tenían el viento en contra. Se acercó a ellos caminando sobre el lago, e iba a pasarlos de largo. 49 Los discípulos, al verlo caminar sobre el agua, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 llenos de miedo por lo que veían. Pero él habló en seguida con ellos y les dijo: «¡Calmaos! Soy yo. No tengáis miedo.» 51 Subió entonces a la barca con ellos, y el viento se calmó. Estaban sumamente asombrados, |
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